Gracias a Microsoft no soy un yonki

Los que hayáis escuchado alguna vez nuestro prograna radiofónico habréis notado mi afición por el mundo de los videojuegos, algo que sólo comparte mi querido hermano Groucho, aunque de forma esporádica, mientras que los otros dos miembros fraternales me miran con cierto desconsuelo y tristeza al creer mi caso como perdido.

Recientemente se ha publicado por la Universidad Complutense de Madrid un estudio, cuyo nombre es “Hábitos de consumo de drogas, alcohol y tabaco entre videojugadores y no videojugadores”, y afirma que aquellos que dedicamos parte de nuestro tiempo a este tipo de ocio somos menos propensos a la ingesta de drogas y alcohol (aunque en el modo online yo he llegado a toparme con gente que combina todo esto a la vez, creando una sensación de inframundo intelectual que tira para atrás). Antonio García Martínez, profesor de la citada Universidad, afirmó que “el ocio de los videojuegos parece ser suficientemente gratificante en si mismo y la concentración que requiere puede ser un factor que aparte del consumo de estas sustancias mientras se juega”, además, añade que “Los niveles de atención, destreza y superación personal que el videojuego requiere pueden llevar a alejarse de estos hábitos de excitación externa, una vez experimentada la novedad”.

Así que, hermanitos míos, ya podéis estar tranquilos, que ni me meto ni me meten, of course. La causa de mi desorden neuronal se debe al devenir del curso de la Naturaleza y a motivos ajenos a lo meramente tóxico. Y si no lo creéis, echad un vistazo a una foto mía que os acompaño. ¿A que estoy mono?

Harpo

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